fast fashion y las tendencias destructivas para el planeta tierra, consecuencias y alternativas. Hábitos sostenibles y qué podemos hacer.

Fast Fashion: cuando el medio ambiente paga el precio

El modelo de negocio Fast Fashion se fragua en los Estados Unidos en la década de los ochenta. No obstante, en países como España tardaría en arraigar y no sería hasta finales de los noventa que la incursión de gigantes como Inditex harían de este su negocio principal. Sus marcas abanderadas parecían haber encontrado la piedra filosofal del consumismo masivo; ofrecer moda prêt-àporter a precios asequibles.

¿Será la moda sostenible la alternativa contra el fast fashion?

La receta de la Fast Fashion incluía cantidades industriales de deslocalización de las empresas proveedoras, una ración de obsolescencia percibida (y también programada) así como una pizca de temporalidad laboral. Durante más de tres décadas, la tónica en el mundo de la moda ha sido la de proveer de textil a precios irrisorios con Primark como el máximo exponente de moda low cost. Por suerte cada vez son más las voces que se están alzando a favor de la moda sostenible, de calidad y durabilidad. La creciente toma de conciencia en torno a la preservación de nuestros recursos se perfila como la gran esperanza. ¿Un regreso a los orígenes? ¡Una (r)evolución en toda regla de la que tú también formas parte!

El brutal impacto del fast fashion en el medio ambiente

El plan parecía imbatible. La moda fast fashion se basaba en un énfasis extremo en optimizar la cadena de suministro para así rebajar los costes. La manufactura se actualizaría cada temporada para así ofrecer hasta seis líneas de ropa anualmente. El textil no tenía por qué ser de gran calidad y la mayor parte de los tejidos eran sintéticos. En este punto es en el que nos queremos parar. 

Las marcas de Fast Fashion emplean materiales que posteriormente terminan en los vertederos ya que las fibras sintéticas apenas se pueden reciclar en un 15% con respecto al total.

No solo los materiales de las prendas fast fashion afectan negativamente a la preservación del medio ambiente. Detrás de lo evidente, se encuentra la deslocalización que implica un descontrol en cuanto a la sostenibilidad de las empresas manufactureras y el coste para el medio ambiente del transporte de los recursos a miles de kilómetros de distancia.

El resultado es un precio muy elevado para el planeta y un modelo muy poco sostenible, que desdeña de los recursos humanos y materiales locales debido a que los beneficios netos de los accionistas son más elevados deslocalizando sus fábricas. Y, por supuesto, lo que importan son los accionistas, no las personas.

¿Sabes por qué contamina la ropa?

Las materias primas que se usan en las marcas Fast Fashion son principalmente fibras sintéticas y tejidos mixtos que dificultan enormemente la tarea de la división de materiales para reciclar. El resultado se ha hecho evidente en la gestión de residuos de países como Estados Unidos, en donde en torno a un 85% de los restos de prendas de fibra sintética no se pueden reciclar.

La industria textil se ha convertido en la segunda más contaminante del mundo. En España, por ejemplo, cada ciudadano tira unos 7 kilogramos de ropa al año. Por su parte, la industria textil es la responsable de nada más y nada menos que el 20% de tóxicos vertidos al agua y las estadísticas no son muy diferentes en lo que a la fabricación se refiere, que conforma en torno a un 30% de la contaminación global del planeta. ¿En serio todavía crees que comprar compulsivamente Fast Fashion no tiene consecuencias?

Las marcas fast fashion deben cambiar el rumbo

Desde hace un par de años, las marcas más relevantes de la moda rápida han tratado de llevar a cabo ciertos cambios que han traído consigo un incremento muy ligero de precio pero que han revertido en una mayor calidad del producto. Algunas como H&M han ampliado su oferta de textiles respetuosos con el medio ambiente.

Aún así queda mucho camino por recorrer pero por suerte las nuevas generaciones están tomando conciencia de la importancia que tiene la responsabilidad individual. El hecho de que quienes consumen, prefieran otras alternativas más sostenibles que la fast fashion tiene como resultado que las marcas estén esforzándose cada vez más por proporcionar una moda más afín con estos nuevos principios

fast fashion y la acumulación de tendencias en el mundo de la moda     

Consecuencias a largo plazo de la moda fast fashion

La moda Fast Fashion se basa en la rotación que incrementa, a su vez, el consumismo masivo. Esto es debido a que los compradores esperan nuevos productos textiles cada vez más a menudo. De este modo, se ha pasado de las temporadas de primavera-verano y otoño-invierno a que las prendas roten hasta ocho veces en establecimientos como Primark. 

Por un lado, esto provoca una mayor contaminación ambiental debido a un proceso de fabricación constante y, en muchos casos, en países en los que la normativa referida a estos temas es mucho más laxa que en países como España.

Por otro lado, las condiciones laborales precarias proliferan entre los empleados de las tiendas de Fast Fashion que se exponen a tener que vivir con el salario mínimo interprofesional de sus países, mucho más bajo que el existente en la mayor parte de los países de la Unión Europea. Por ejemplo, si las fábricas de Inditex estuvieran afincadas en Galicia legalmente, se les debería pagar a sus trabajadores un mínimo de 950 euros al mes (sin añadir la Seguridad Social e impuestos). En el otro extremo nos encontramos a Etiopía que se está haciendo muy popular por albergar a miles de fábricas de materias primas diversas promovidas por el Gobierno. ¿La trampa? El salario por el trabajo de una empleada textil (todas son mujeres y jóvenes) es de 26 dólares estadounidenses al mes.

Un futuro hacia lo sostenible es posible

Ante este desolador panorama actual, los consumidores debemos tomar las riendas ya que las grandes empresas no van a querer cambiar su rentable modelo de negocio a  no ser que exista una presión por parte de los compradores para que se opte por prendas de comercio justo, con tejidos de calidad y un plan de sostenibilidad global. Tal como diría en su momento Honoré de Balzac, “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”.

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